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Rumor de piel

Marzo 2010

 

Olvidada la espera del alma,

rotas las infinitas distancias,

superados los cauces del insondable silencio,

caí al dulce abismo, a la locura.

 

Me abandoné al rumor gigante

de un mar de terciopelo,

a la brisa cálida del deseo,

a la sencilla corporeidad de la humedad.

 

Soñé, acaso fallecí,

floté en un ingrávido infinito,

volé por surcos de un fuego

que diluyó las entonces blandas fronteras.

 

Ahora al otro lado de mi piel

tu piel calma la sed del viento.

Resbala con buscada agonía

su ardiente lengua sobre mis ojos cerrados

que se demoran en la oscuridad

temerosos de tu ausencia.

 

 

 

 

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