El manuscrito de piedra
Febrero 2010
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AUTOR: Luis GarcÃa Jambrina EDICIÓN: Alfaguara 2008 313 páginas. |
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Sinopsis:
Nos situamos en Salamanca en el año 1497. El asesinato de un catedrático de TeologÃa en la puerta de la Catedral Vieja es el inicio de una trama detectivesca que va a protagonizar un joven Fernando de Rojas antes de escribir ‘La celestina’.
Su investigación le obligará a conocer la situación de los judÃos y los conversos, el emergente humanismo, la Salamanca universitaria y la oculta, los bajos fondos y el poder. Dilucidar los enigmas que se va encontrando le introducirá en un laberinto plagado de peligros y sorpresas, en una aventura que conseguirá transformarle.
Mi opinión:
La novela tiene dos claros protagonistas: Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, y Salamanca. Ambos se encuentran en un proceso de cambio. El primero camina hacia la maduración personal, la ciudad vive una época de agitación social y cultural que la conducirá al Renacimiento.
Fernando de Rojas es un autor del que no sabemos casi nada, lo cual permite a GarcÃa Jambrina crear un mundo de ficción a su alrededor, fabular sobre su época de estudiante en Salamanca y entretejer una historia que se viste con el peso de la credibilidad en torno a él y a su emblemática obra. Sorprende el tratamiento que de él hace y el juego literario que escenifica: no deja de tratarse de un personaje histórico reconocido para nosotros, los lectores de la obra, pero no para los personajes que en ella participan.
Salamanca no es simplemente un escenario. Su papel es determinante en la obra no solo por todos los ambientes que el autor nos hace recorrer, en un sinfÃn de lugares desde la Catedral Vieja a la casa de la mancebÃa, sino también por su doble personalidad, reflejada en los personajes secundarios y en el decurso de la obra: la ciudad conocida, plantada sobre la tierra, y aquella otra que se extiende en el subsuelo donde se abre camino una sociedad atenazada y sin libertad. Y GarcÃa Jambrina nos lleva con maestrÃa por ambas, especialmente por la primera, con sus callejuelas, sus conventos, sus arrabales o sus tabernas. AsÃ, el lector recorre una ciudad medieval, antigua, con las calles sin empedrar, gracias a una gran cantidad de datos y de detalles, con una descripción preciosa y precisa; camina por oscuras calles antiguas y acaba perdido en la famosa Cueva de Salamanca, que tanta tradición literaria ha generado, y en sus intrincados laberintos donde se esconden todo tipo de secretos.
El autor nos lleva del ambiente estudiantil al eclesiástico y de los bajos fondos a los grupos de poder. También de la Salamanca real a la mágica y sus universos mitológicos, convirtiéndola asà en el principal protagonista, en el eje de la novela.
Aunque a veces apaga el brillo de la acción, la erudición de GarcÃa Jambrina se convierte en indispensable pues, lejos de aburrir, facilita la labor a un lector que agradece estar en buenas manos. El autor nos ofrece una visión crÃtica de las corrientes religiosas y de la influencia de estas en la Universidad y en la vida cotidiana, del funcionamiento de una mancebÃa y de los avatares arquitectónicos de la ciudad, de las condiciones de vida de los conversos y el acoso a los judÃos.
A priori podrÃamos decir pues que se trata de otra más de las obras basadas en un enigma por esclarecer, relacionado con el mundo eclesiástico y en una época medieval. Sin embargo la maestrÃa del autor, su capacidad transgresora de las fronteras de los géneros y la doble personalidad de Rojas y Salamanca la dotan de la suficiente entidad como para diferenciarla.
Efectivamente, la trama se nos muestra a través de muy diversos géneros: el andamiaje, que finalmente se convierte en excusa, se corresponde con la novela histórica, y el autor nos regala tanto datos como comentarios que la dotan de la credibilidad necesaria; su contenido se desliza en las fronteras de la novela negra, con momentos de intriga y corrupción; el ritmo, pese a su lentitud, es propio de la novela de detectives; las vicisitudes por las que pasa el joven Rojas pudieran encuadrarse perfectamente en la novela de aventuras.
Si cabe poner algún pero es que, quizás por el intento de parecer verosÃmil, de ser objetivo, la obra no logra atravesarnos con la pasión, con las emociones. Pero su pulso narrativo es notable, adecuado al tono de la obra y a su temática. Su ritmo pausado, demasiado lento en ocasiones, cambia al final gracias a una culminación súbita. El lenguaje es depurado, exquisito, con frases limpias. Con todo ello GarcÃa Jambrina logra describir con solvencia el intrigante ambiente del caso que finalmente hubo de desvelar un estudiante metido a detective y llamado Fernando de Rojas.

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