Ismael, Machado y Cenicienta.
Octubre 2009
Ahora que la infancia es una de las alas de mi presente, cuatro en raya a la sombra de la lumbre, un hula-hop rosa en una tarde de fiebre, la mano del maestro al ir a la escuela, mejillas rojas por el viento de la sierra, tardes de parchís con la abuela, miércoles de disfraces y duelos, la luz amarilla de un desván inmenso donde sólo entrábamos mis sueños y yo.
Ahora que quedan tan lejos mis paseos en bicicleta blanca a su encuentro, un castaño solitario y una charca azul, tardes cóncavas de verano, los chicos de colegio, ser hija única con tres hermanos, pantalones de caballero y zapatos de charol, Radio Futura, Loquillo, Silvio, sentirse incorruptible, coleccionar certezas, los bailes con mi rockabilly al volver a casa, otorgar la libertad a los rizos de mi pelo, nariz pequeña, algunos complejos.
Ahora que Rosa no me recoge cada mañana, que no me desperezo rodeada de estudiantes de Derecho, que no paso las tardes en la biblioteca jugando al mus o escuchando a la Piaf, que no escribo cartas ni me atrevo a presentarme a ningún concurso de novela, que no me hago moños y me emborracho los miércoles, que no me espera la abuela con el rosario sentada en el banco de la puerta, que las putas y yo ya no nos conocemos, que no me subo al tren de madera.
Ahora que la vida adulta no está a punto de formar parte de mi vida, que no me escapo de casa por amor, que nadie me espera en ninguna estación, que no me golpeo con el fracaso y no estoy terriblemente perdida, que no se caen los rizos de mi pelo, que no paso mañanas enteras sola preguntándome qué quiero hacer con mi futuro, que no paseo por una ciudad gris y fría sin encontrar una sola persona que me salude, que no se rompe irremediablemente y para siempre unos de los sueños de mi corazón.
Ahora que pago las facturas, que he paseado por Roma, que ya no hago promesas, que soy madre y Cenicienta, que he bailado jazz con boina roja bajo la nieve en el puente de Carlos, que odio el verano y vivo siempre en otoño, que no salgo nunca sin mi cometa verde, que he conocido a un hombre blanco, que sé cómo huele un limonero, que soy castaña clara y he vuelto a hacerme coletas, que ningún amigo me ha traicionado, que sé que el amor es una obra de arte, que sigo yendo a la escuela de la mano del maestro, que le espero para ir a Venecia, que sigo fumando a escondidas lapiceros frente al espejo, que no tengo miedo a decir quien soy y a contar mis penas, que saludé a la muerte un amanecer de marzo y seguimos sin llevarnos bien, que me gusta conducir al atardecer mientras llueve, que vivo en un pequeño castillo donde los malos no llegan.
Se cayeron mis alas pero no me rendí, ahora es el momento de empezar, que empiece la fiesta, el futuro, uno de los primeros últimos sueños. Que venga con brío, con la voz de mi querido Loquillo o de la Piaf, en barco o velero, por aire o bajo tierra, con colores y poemas, vaqueros y coleta, con la luz del otoño en la solapa y cierto aire de primavera, bravo enloquecido con las puertas bien abiertas, desprovisto de odios y torpezas, con la frente alta y mis alas verdes de bandolera. Sobre mi cadillac solitario y a punto de llegar tarde a cualquier guerra mi esperanza lo ve venir con paciencia.
Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora.
